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Por Juan Ramírez Martínez.

 

 

El amor y el desamor; la pasión y el desencanto; los errores y los aciertos… estos y otros estados de ánimo han sido  muchas veces los sentidos encubadores y generadores de hermosas e imperecederas joyas de la creación artística en los llamados románticos. Apasionados amantes de la vida yo les llamaría, grupo al que me adhiero sin reparos porque ser romántico no es solo ser un soñador, sino que además representa la búsqueda por el empleo certero de la palabra. El romanticismo es también un estilo de vida que se genera en el cultivo de los sentimientos, el genio y la palabra en todas sus dimensiones denotativas y connotativas; Y tal como diría Roberto Benigni –ese italiano que saca amores del dolor y la tragedia- la palabra que no nos sea útil en un momento dado para hacer poesía debemos castigarla por un tiempo con un largo olvido voluntario.

 

La palabra, esa es el arma fundamental para poder definir a una canción como romántica a partir de los cánones y reglas que tenemos trazadas para definir lo que es romántico y lo que no lo es. La `palabra, en este caso y determinadas reglas de la creación musical en las que bastante se ha profundizado por musicólogos e investigadores.

 

Romanticismo –para el dominio popular del término- en materia de música y poesía es sinónimo de dulzura; artificios y juegos de palabras selectas que refieran afecto y afinidad hacia determinados valores humanos. Cuenta la historia que la canción La Bayamesa de Céspedes, Castillo y Fornaris [1], surge de una ruptura amorosa parcial y la búsqueda de una reconciliación.

 

La alta cultura literaria de personas como los autores mencionados hacen que sean capaces de encontrar las palabras adecuadas y correctamente ordenadas para una persuasión; palabras, versos y sintagmas que -dichos aisladamente- pueden causar un determinado grado de identificación con sentimientos de afecto:

gentil bayamesa,

sol refulgente,

lánguida frente,

blando beso,

pura belleza,

moribundo de dicha y amor,

asoma a tu reja,

escucha amorosa mi canto,

acude a mi llanto,

moribundos de dicha y amor.

Glorias pasadas,

disipemos (…) la tristeza,

doblemos (…) la cabeza,

alivio a mi negro dolor.

 

Gentil bayamesa son dos palabras que juntas describen la personalidad y a la vez destacan la identidad de la persona sobre la cual se habla. De hecho, estamos ante una denominación que posteriormente serviría para describir a las hembras de esta área del país. La mujer bayamesa tiene una belleza mestiza propia de la región mediterránea y de los no-tabúes de esta zona rebelde[2] que asumió culturas varias para hacer la suya. La combinación lingüística gentil bayamesa se convertiría, con el tiempo, en una unidad cultural que se emplearía como referente romántico y a la vez patriótico pues se convierte en un símbolo representativo de la mujer cubana como sucedió posteriormente con el Himno de Bayamo.

 

No existe un mejor tratamiento para elevar la estima de una persona que el halago personal y para ello se emplea en la canción una metáfora como lo es sol refulgente para describir la belleza de la persona y la claridad de pensamiento.

 

Cuando los poetas-autores hablan de un sol refulgente refieren una fuente de vida y de luz a la vez que se reconoce el error humano cometido al destacar la tristeza mutua y los tiempos vividos.

lánguida frente;

pura belleza;

Glorias pasadas;

doblemos (…) la cabeza.

 

Los pesares y el arrepentimiento del amante que ha cometido un error se describen con palabras que generalmente expresan luto y dolor -y dejan sentir de manera subtextual una arrepentimiento rotundo- en nuestras culturas latinas como son las encontradas en los versos de esta canción cuando nos dice:

moribundo

lánguida

reja,

mi llanto

Glorias pasadas

(…) la tristeza

negro dolor

doblemos (…) la cabeza

La palabra moribundo aparece en dos oportunidades y no es por, mera casualidad. Moribundo es un vocablo que le propicia una fuerza emotiva y espiritual al estado anímico depresivo del individuo; describe –además-  una situación crítica y de desespero. Así vamos descubriendo, de paso, una de las características –según el General Máximo Gómez- de los cubanos: el extremo. Moribundo de amor. Pero es que solo el extremo estado de ánimo puede expresar en este instante una situación desesperada y a la vez ilustrar, todo un momento difícil de la vida de un hombre. El concepto machista de la época –que aun perdura en menor escala- es quebrantado al emplear la palabra llanto. Se quebranta un tabú machista si tenemos en cuenta que se ha mantenido dentro de nuestra cultura, y mucho más en esos tiempos- que los hombres no lloran. Por tanto, el hecho de llorar (llanto) abre claramente y sin prejuicios una osada expresión aunque varonil, riesgosa y osada para su tiempo. Un hombre llorando por una mujer es todo un símbolo ante los patrones epocales, pero mucho más atrevido es confesarlo públicamente a través de una canción.

 

Bayamesa no es solo la canción romántica cubana por excelencia; esta es también una muestra de todo un período socio-cultural de la nación. Nos describe en su meta texto algo interesante; la serenata. La serenata como elemento comunicativo de citas amorosas. La creación colectiva. El buen gusto en el empleo del idioma y la composición musical tomando elementos de la música española ya conocida en Cuba. Hay todo un entramado de sub-textos que nos describen todo un habitus[3] hecho ya práctica cultural para ese entonces. La canción nos da otro tipo de costumbres como son las de una arquitectura pues al hablar de reja nos muestra una costumbre; bien pudo haber dicho ventana, sencillamente o puerta si debía ser un vocablo disilábico.

Será a partir del habitus que los sujetos producirán sus prácticas. El habitus, como interiorización de las estructuras a partir de las cuales el grupo social en el que se ha sido educado produce sus pensamientos y sus prácticas, formará un conjunto de esquemas prácticos de percepción -división del mundo en categorías-, apreciación -distinción entre lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado, lo que vale la pena y lo que no vale la pena- y evaluación -distinción entre lo bueno y lo malo- a partir de los cuales se generarán las prácticas -las “elecciones”- de los agentes sociales. De esta manera, ni los sujetos son libres en sus elecciones -el habitus es el principio no elegido de todas las elecciones-, ni están simplemente determinados -el habitus es una disposición, que se puede reactivar en conjuntos de relaciones distintos y dar lugar a un abanico de prácticas distintas.  De manera que, dentro de las prácticas culturales de la época, eligen los autores, y el intérprete principal, seleccionar una serenata y no enviar un intermediario casamentero ni una carta pues reconocen ésta como la vía idónea para una reconciliación. Este clásico cultural cubano para reflejar más que un momento nos retrata la esencia de lo más profundo de un sentimiento universal, el amor. “Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.”[4]

Al decir del poeta cantor Silvio Rodríguez, solo el amor engendra la maravilla y ese resultado de engendro es la Bayamesa. Estamos ante una obra digna de ser estudiada de manera más detenida por cuanto nos aporta desde diversas aristas semiológicas y sociológicas para la comprensión de parte del pensamiento ético, político y cultural de una época de Cuba a partir del pensamiento de tres hombres de distinta extracción social. Tres o cuatro hombre –respetando criterios- que fueron unidos por un desamor que buscaba la posible fuga de un amor a través de la belleza artística.

“si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:

Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.

Saber del dolor de la demasiada ternura.

Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.”

Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.

Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.

Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.[5]

 

 

 


[1] Según el músico e investigador César Odio, la pieza tiene tres autores pues se debe incluir al intérprete principal quien no es mencionado regularmente por no ser una personalidad tan reconocida como los otros tres bayameses.

[2] Recuérdese que en Bayamo se violaban las leyes del comercio de contrabando y se gestaron las más importantes muestras de rebeldía contra el gobierno español.

[3] “El habitus se define como un sistema de disposiciones durables y transferibles -estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes- que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes cara a una coyuntura o acontecimiento y que él contribuye a producir” (Bourdieu, 1972: 178) (…)”Los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen habitus, sistemas de disposiciones duraderas y transponibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, en tanto que principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para conseguirlos, objetivamente ‘reguladas’ y ‘regulares’ sin ser para nada el producto de la obediencia a reglas, y siendo todo esto, objetivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un jefe de orquesta.” (Bourdieu, 1980: 88-9)

[4] Khalil Gibrán. El profeta. Primera edición cibernética, junio del 2004. Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés

 

[5] Op.cit 4

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