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Archivo para septiembre, 2011

HABANASTATION: UN FILME NECESARIO.

Por Juan Ramírez Martínez.

Alguien que se las da de erudito del cine me comentó en el parque: “¿Ya viste el happy end de Ian Padrón?” Yo no la había visto y en ese momento no pude responderle. De manera que ahora va mi respuesta.

El final de Habanastation, aunque esperado, no es para nada un final feliz –porque podemos decirlo en español- sino un final lógico. Sin embargo, me gustaría abordar una reflexión en torno al titulo de la película pues considero que se ajusta a una realidad pues no se si fue intencional o no, pero Ian Padrón fue justo y certero en la selección. El playstation es una modalidad de entretenimiento computarizado que prolifera en la enorme metrópolis de la Habana. En todos los países sucede lo mismo, las grandes ciudades y las capitales se desarrollan a un ritmo diferente del resto del país. Lo que es común en la Habana puede ser desconocido para un niño bayamés, por ejemplo. Muchos niños de los que fueron a ver la película la disfrutaron y no por el playstation pues este nunca se ve – a no ser el aparato, que por cierto ni yo me imaginaba comiera-, sino por la historia y las aventuras de estos dos pequeños amigos.

Con un lenguaje muy sencillo nos adentramos una vez más en el fascinante mundo de la aventura y demostrado está que por ser una aventura no pierde su sentido aleccionador. El niño que por accidente descubre un universo semiosfero paralelo al suyo dentro de su biosfera es prácticamente loa misma historia del niño oriental que descubre a La Habana o a Santiago de Cuba. El descubrimiento se realiza desde adentro y no con la guía de adultos; por ello es más fantástico y atrayente para adultos y sobre todo para los mismos niños. Descubrir el primer baño descalzo bajo la lluvia, o mejor dicho, en un aguacero; la primera riña de tumulto en una calle; los personajes típicos y los “toeros” que no faltan en los barrios y los conflictos de intereses entre otras cosas dan matices a la aventura. La historia se adereza con todos estos ingredientes y una que otra nota de comicidad ante el extrañamiento de un personaje con el otro. La realidad cubana de los barrios todos las conocemos aunque algunos traten de hacerse los ciegos, pero en cualquier ciudad tenemos un barrio de “la tinta”.

Y hablando de lenguaje permítaseme puntualizar algo no muy certero; ¿cómo es posible que el niño que nunca había jugado playstation supiera el modo en que se escribía y lo pronuncie tal y como es? Si, evidentemente, se buscaba un toque de comicidad, pero no tiene sentido.

Habanastation no es la gran película desde el, punto de vista estético ni una cinta que marque la historia del cine por su aporte. Habanastation es una película necesaria que rompe con una serie de obras cubanas que hemos visto en los últimos años donde los códigos se convierten en el leit motiv de una polisemia injustificada para decir supuestas cosas de manera escamoteada; otras en las cuales se simplifica demasiado el cine hasta convertirlo en un crucigrama, a veces y en un remedo de tele novela surrealista. El secreto de Habanastation está en su credibilidad y sobre todo en su modo de recontarnos algo ya dicho con los mismos códigos pero en un contexto que nos obliga a detenernos pues es el nuestro. La historia está contada para todos y con la perspectiva de un fenómeno que todos podemos apreciar: la desigualdad dentro de la supuesta igualdad. No obstante ello, el final no es feliz, sino satisfactorio; el niño “presta”, no regala, su playstation y además, pide que se lo cuiden: muy racional y posible!

Eso si, coincido con el licenciado e investigador David Tamayo cuando dice que “De la construcción de los personajes y la actuación de los mayores sí es lícito demandar. El botero interpretado por Rigoberto Ferrera resultó de gestualidad exagerada y bocadillos gastados en el propio repertorio del actor. Un malogrado personaje en el director de la escuela interpretado por René de la Cruz, que ha sido encasillado esta vez en un típico burócrata del cine de los años 80, que no da tono alguno de novedad al argumento, sino que lo empobrece.” Es cierto, pero si ustedes observan, en las más recientes entregas del ICAIC se observan estos deslices y cameos innecesarios de personajes insignificantes que son interpretados por grandes figuras de la escena cubana sin aportarle nada a la historia; o sea, que en ese papel pudo estar lo mismo una superestrella que un superdesconocido.

 Al cierre del ciclo inicial de exhibición escuché que había sobrepasado el medio millón de espectadores (algo titánico en nuestros días, más si agregamos que a la semana de su estreno ya, al menos en Bayamo, había sido pirateada y corría de máquina en máquina de los quemadores revendedores). Sucede que Habanastation, del mismo modo que mucho del cine cubano, va a nuestras realidades, pero la diferencia su sencillez y elocuencia para bordar lo que voy a llamar “la desigualdad dentro de la diversidad” mientras nos ataca por el lado más débil de una persona, y sobre todo de un cubano; la niñez. Esta era y es una cinta necesaria.