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Archivo para la Categoría "Pensar el arte"

HABANASTATION: UN FILME NECESARIO.

Por Juan Ramírez Martínez.

Alguien que se las da de erudito del cine me comentó en el parque: “¿Ya viste el happy end de Ian Padrón?” Yo no la había visto y en ese momento no pude responderle. De manera que ahora va mi respuesta.

El final de Habanastation, aunque esperado, no es para nada un final feliz –porque podemos decirlo en español- sino un final lógico. Sin embargo, me gustaría abordar una reflexión en torno al titulo de la película pues considero que se ajusta a una realidad pues no se si fue intencional o no, pero Ian Padrón fue justo y certero en la selección. El playstation es una modalidad de entretenimiento computarizado que prolifera en la enorme metrópolis de la Habana. En todos los países sucede lo mismo, las grandes ciudades y las capitales se desarrollan a un ritmo diferente del resto del país. Lo que es común en la Habana puede ser desconocido para un niño bayamés, por ejemplo. Muchos niños de los que fueron a ver la película la disfrutaron y no por el playstation pues este nunca se ve – a no ser el aparato, que por cierto ni yo me imaginaba comiera-, sino por la historia y las aventuras de estos dos pequeños amigos.

Con un lenguaje muy sencillo nos adentramos una vez más en el fascinante mundo de la aventura y demostrado está que por ser una aventura no pierde su sentido aleccionador. El niño que por accidente descubre un universo semiosfero paralelo al suyo dentro de su biosfera es prácticamente loa misma historia del niño oriental que descubre a La Habana o a Santiago de Cuba. El descubrimiento se realiza desde adentro y no con la guía de adultos; por ello es más fantástico y atrayente para adultos y sobre todo para los mismos niños. Descubrir el primer baño descalzo bajo la lluvia, o mejor dicho, en un aguacero; la primera riña de tumulto en una calle; los personajes típicos y los “toeros” que no faltan en los barrios y los conflictos de intereses entre otras cosas dan matices a la aventura. La historia se adereza con todos estos ingredientes y una que otra nota de comicidad ante el extrañamiento de un personaje con el otro. La realidad cubana de los barrios todos las conocemos aunque algunos traten de hacerse los ciegos, pero en cualquier ciudad tenemos un barrio de “la tinta”.

Y hablando de lenguaje permítaseme puntualizar algo no muy certero; ¿cómo es posible que el niño que nunca había jugado playstation supiera el modo en que se escribía y lo pronuncie tal y como es? Si, evidentemente, se buscaba un toque de comicidad, pero no tiene sentido.

Habanastation no es la gran película desde el, punto de vista estético ni una cinta que marque la historia del cine por su aporte. Habanastation es una película necesaria que rompe con una serie de obras cubanas que hemos visto en los últimos años donde los códigos se convierten en el leit motiv de una polisemia injustificada para decir supuestas cosas de manera escamoteada; otras en las cuales se simplifica demasiado el cine hasta convertirlo en un crucigrama, a veces y en un remedo de tele novela surrealista. El secreto de Habanastation está en su credibilidad y sobre todo en su modo de recontarnos algo ya dicho con los mismos códigos pero en un contexto que nos obliga a detenernos pues es el nuestro. La historia está contada para todos y con la perspectiva de un fenómeno que todos podemos apreciar: la desigualdad dentro de la supuesta igualdad. No obstante ello, el final no es feliz, sino satisfactorio; el niño “presta”, no regala, su playstation y además, pide que se lo cuiden: muy racional y posible!

Eso si, coincido con el licenciado e investigador David Tamayo cuando dice que “De la construcción de los personajes y la actuación de los mayores sí es lícito demandar. El botero interpretado por Rigoberto Ferrera resultó de gestualidad exagerada y bocadillos gastados en el propio repertorio del actor. Un malogrado personaje en el director de la escuela interpretado por René de la Cruz, que ha sido encasillado esta vez en un típico burócrata del cine de los años 80, que no da tono alguno de novedad al argumento, sino que lo empobrece.” Es cierto, pero si ustedes observan, en las más recientes entregas del ICAIC se observan estos deslices y cameos innecesarios de personajes insignificantes que son interpretados por grandes figuras de la escena cubana sin aportarle nada a la historia; o sea, que en ese papel pudo estar lo mismo una superestrella que un superdesconocido.

 Al cierre del ciclo inicial de exhibición escuché que había sobrepasado el medio millón de espectadores (algo titánico en nuestros días, más si agregamos que a la semana de su estreno ya, al menos en Bayamo, había sido pirateada y corría de máquina en máquina de los quemadores revendedores). Sucede que Habanastation, del mismo modo que mucho del cine cubano, va a nuestras realidades, pero la diferencia su sencillez y elocuencia para bordar lo que voy a llamar “la desigualdad dentro de la diversidad” mientras nos ataca por el lado más débil de una persona, y sobre todo de un cubano; la niñez. Esta era y es una cinta necesaria.

Te recuerdo, gentil Bayamesa

Por Juan Ramírez Martínez.

 

 

El amor y el desamor; la pasión y el desencanto; los errores y los aciertos… estos y otros estados de ánimo han sido  muchas veces los sentidos encubadores y generadores de hermosas e imperecederas joyas de la creación artística en los llamados románticos. Apasionados amantes de la vida yo les llamaría, grupo al que me adhiero sin reparos porque ser romántico no es solo ser un soñador, sino que además representa la búsqueda por el empleo certero de la palabra. El romanticismo es también un estilo de vida que se genera en el cultivo de los sentimientos, el genio y la palabra en todas sus dimensiones denotativas y connotativas; Y tal como diría Roberto Benigni –ese italiano que saca amores del dolor y la tragedia- la palabra que no nos sea útil en un momento dado para hacer poesía debemos castigarla por un tiempo con un largo olvido voluntario.

 

La palabra, esa es el arma fundamental para poder definir a una canción como romántica a partir de los cánones y reglas que tenemos trazadas para definir lo que es romántico y lo que no lo es. La `palabra, en este caso y determinadas reglas de la creación musical en las que bastante se ha profundizado por musicólogos e investigadores.

 

Romanticismo –para el dominio popular del término- en materia de música y poesía es sinónimo de dulzura; artificios y juegos de palabras selectas que refieran afecto y afinidad hacia determinados valores humanos. Cuenta la historia que la canción La Bayamesa de Céspedes, Castillo y Fornaris [1], surge de una ruptura amorosa parcial y la búsqueda de una reconciliación.

 

La alta cultura literaria de personas como los autores mencionados hacen que sean capaces de encontrar las palabras adecuadas y correctamente ordenadas para una persuasión; palabras, versos y sintagmas que -dichos aisladamente- pueden causar un determinado grado de identificación con sentimientos de afecto:

gentil bayamesa,

sol refulgente,

lánguida frente,

blando beso,

pura belleza,

moribundo de dicha y amor,

asoma a tu reja,

escucha amorosa mi canto,

acude a mi llanto,

moribundos de dicha y amor.

Glorias pasadas,

disipemos (…) la tristeza,

doblemos (…) la cabeza,

alivio a mi negro dolor.

 

Gentil bayamesa son dos palabras que juntas describen la personalidad y a la vez destacan la identidad de la persona sobre la cual se habla. De hecho, estamos ante una denominación que posteriormente serviría para describir a las hembras de esta área del país. La mujer bayamesa tiene una belleza mestiza propia de la región mediterránea y de los no-tabúes de esta zona rebelde[2] que asumió culturas varias para hacer la suya. La combinación lingüística gentil bayamesa se convertiría, con el tiempo, en una unidad cultural que se emplearía como referente romántico y a la vez patriótico pues se convierte en un símbolo representativo de la mujer cubana como sucedió posteriormente con el Himno de Bayamo.

 

No existe un mejor tratamiento para elevar la estima de una persona que el halago personal y para ello se emplea en la canción una metáfora como lo es sol refulgente para describir la belleza de la persona y la claridad de pensamiento.

 

Cuando los poetas-autores hablan de un sol refulgente refieren una fuente de vida y de luz a la vez que se reconoce el error humano cometido al destacar la tristeza mutua y los tiempos vividos.

lánguida frente;

pura belleza;

Glorias pasadas;

doblemos (…) la cabeza.

 

Los pesares y el arrepentimiento del amante que ha cometido un error se describen con palabras que generalmente expresan luto y dolor -y dejan sentir de manera subtextual una arrepentimiento rotundo- en nuestras culturas latinas como son las encontradas en los versos de esta canción cuando nos dice:

moribundo

lánguida

reja,

mi llanto

Glorias pasadas

(…) la tristeza

negro dolor

doblemos (…) la cabeza

La palabra moribundo aparece en dos oportunidades y no es por, mera casualidad. Moribundo es un vocablo que le propicia una fuerza emotiva y espiritual al estado anímico depresivo del individuo; describe –además-  una situación crítica y de desespero. Así vamos descubriendo, de paso, una de las características –según el General Máximo Gómez- de los cubanos: el extremo. Moribundo de amor. Pero es que solo el extremo estado de ánimo puede expresar en este instante una situación desesperada y a la vez ilustrar, todo un momento difícil de la vida de un hombre. El concepto machista de la época –que aun perdura en menor escala- es quebrantado al emplear la palabra llanto. Se quebranta un tabú machista si tenemos en cuenta que se ha mantenido dentro de nuestra cultura, y mucho más en esos tiempos- que los hombres no lloran. Por tanto, el hecho de llorar (llanto) abre claramente y sin prejuicios una osada expresión aunque varonil, riesgosa y osada para su tiempo. Un hombre llorando por una mujer es todo un símbolo ante los patrones epocales, pero mucho más atrevido es confesarlo públicamente a través de una canción.

 

Bayamesa no es solo la canción romántica cubana por excelencia; esta es también una muestra de todo un período socio-cultural de la nación. Nos describe en su meta texto algo interesante; la serenata. La serenata como elemento comunicativo de citas amorosas. La creación colectiva. El buen gusto en el empleo del idioma y la composición musical tomando elementos de la música española ya conocida en Cuba. Hay todo un entramado de sub-textos que nos describen todo un habitus[3] hecho ya práctica cultural para ese entonces. La canción nos da otro tipo de costumbres como son las de una arquitectura pues al hablar de reja nos muestra una costumbre; bien pudo haber dicho ventana, sencillamente o puerta si debía ser un vocablo disilábico.

Será a partir del habitus que los sujetos producirán sus prácticas. El habitus, como interiorización de las estructuras a partir de las cuales el grupo social en el que se ha sido educado produce sus pensamientos y sus prácticas, formará un conjunto de esquemas prácticos de percepción -división del mundo en categorías-, apreciación -distinción entre lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado, lo que vale la pena y lo que no vale la pena- y evaluación -distinción entre lo bueno y lo malo- a partir de los cuales se generarán las prácticas -las “elecciones”- de los agentes sociales. De esta manera, ni los sujetos son libres en sus elecciones -el habitus es el principio no elegido de todas las elecciones-, ni están simplemente determinados -el habitus es una disposición, que se puede reactivar en conjuntos de relaciones distintos y dar lugar a un abanico de prácticas distintas.  De manera que, dentro de las prácticas culturales de la época, eligen los autores, y el intérprete principal, seleccionar una serenata y no enviar un intermediario casamentero ni una carta pues reconocen ésta como la vía idónea para una reconciliación. Este clásico cultural cubano para reflejar más que un momento nos retrata la esencia de lo más profundo de un sentimiento universal, el amor. “Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.”[4]

Al decir del poeta cantor Silvio Rodríguez, solo el amor engendra la maravilla y ese resultado de engendro es la Bayamesa. Estamos ante una obra digna de ser estudiada de manera más detenida por cuanto nos aporta desde diversas aristas semiológicas y sociológicas para la comprensión de parte del pensamiento ético, político y cultural de una época de Cuba a partir del pensamiento de tres hombres de distinta extracción social. Tres o cuatro hombre –respetando criterios- que fueron unidos por un desamor que buscaba la posible fuga de un amor a través de la belleza artística.

“si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:

Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.

Saber del dolor de la demasiada ternura.

Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.”

Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.

Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.

Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.[5]

 

 

 


[1] Según el músico e investigador César Odio, la pieza tiene tres autores pues se debe incluir al intérprete principal quien no es mencionado regularmente por no ser una personalidad tan reconocida como los otros tres bayameses.

[2] Recuérdese que en Bayamo se violaban las leyes del comercio de contrabando y se gestaron las más importantes muestras de rebeldía contra el gobierno español.

[3] “El habitus se define como un sistema de disposiciones durables y transferibles -estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes- que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes cara a una coyuntura o acontecimiento y que él contribuye a producir” (Bourdieu, 1972: 178) (…)”Los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen habitus, sistemas de disposiciones duraderas y transponibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, en tanto que principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para conseguirlos, objetivamente ‘reguladas’ y ‘regulares’ sin ser para nada el producto de la obediencia a reglas, y siendo todo esto, objetivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un jefe de orquesta.” (Bourdieu, 1980: 88-9)

[4] Khalil Gibrán. El profeta. Primera edición cibernética, junio del 2004. Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés

 

[5] Op.cit 4

El canto del grillo.

Por Juan Ramírez Martínez.

 

La nana del grillo debió ser el nombre del serial que en el espacio policiaco transmite la televisión cubana.

Luego de tanto años haciendo series y capítulos monotemáticos sobre diversos casos policiales nuestra televisión hace un alarde que más parece una agonía que un redimensionamiento del género. Una serie de personajes hablando un inglés cubanizado en su mayoría que no acaban de encontrar un  perfil anglosajón en la entonación, hacen peripecias por parecer lo que nunca serán. Se debió trabajar toda la serie en español. Ese es nuestro idioma y por demás, evitaría la incomodidad de tener que leer a muchas personas de lectura lenta y a otros de escasa visión.

Resulta lamentable, en tiempos de la digitalización audiovisual, ver una escena como la del accidente donde perece el agente cubano: sin comentarios. El ritmo de la edición y el montaje de esa escena nunca llegan a lograr un suspenso como lo pretendieron, ni mucho menos temor. En su totalidad, hasta este segundo capítulo que hemos observado, la edición deja mucho que desear a pesar de esos efectos sonoros –manidos- en los flashbacks que se hacen.

Existe en ambos capítulos una ingenuidad increíble en el diseño de algunos de los personajes; tales son los casos de la infiltrada en la CIA y del bibliotecario que espía por cuenta propia –más sospechoso e imprudente no puede ser- así como los funcionarios que rumian las palabras que van a decir en inglés como para ser bien comprendidos por los televidentes, o por el que tuvo que hacer la traducción. La trama resulta lenta hasta el tedio, repetitiva y sin una gota de imaginación.

Esperamos que a partir del tercer capítulo algo cambie. Eso sí, elogiamos la dirección de arte. Muy  buen trabajo en la creación de las atmósferas; sólo eso.

Veamos que nos deparas el futuro, mientras tanto, se les recomienda a los realizadores que vean con más detenimiento el camino o los caminos del policiaco en la TV mundial.

Indisciplinas sociales: tolerancia e intolerancia.

Por Juan Ramírez Martínez.

Recientemente pude apreciar un programa televisivo sobre las indisciplinas sociales en el canal regional denominado CNC TV de la provincia de Granma (Entidad para la cual trabajo como director de programas). Aunque los criterios que ofrecieron los invitados –especialistas- los comparto en su mayoría, hubo algunos con los cuales no estuve del todo de acuerdo; como el acceso al programa es virtualmente difícil –a pesar de que estoy dentro, pues es un programa en vivo-, he decidido ofrecer mis puntos de vistas a través de este avance de la tecnología: la Internet, que aunque no está al alcance de todos, sí al alcance de algunos. Para esos algunos, mi opinión. ¡Ojalá hubiese estado invitado al programa o que pudiera publicar este criterio de manera impresa!

Se hablaba en el programa, como antes dije, sobre indisciplinas sociales y lo primero que quiero compartir con ustedes es el criterio de que indisciplina es ir en contra de las reglas establecidas por un grupo o por una sociedad; y las sociales serían aquellas que obstaculizan el desarrollo armónico de la convivencia social al violar las reglas establecidas jurídicamente y las reglas convencionales que imponen las prácticas culturales de una congregación dada: este es mi primer punto de vista sobre el tema.

Las indisciplinas sociales no son nuevas. En todo cuanto he podido leer sobre la huella de los seres sobre la tierra he encontrado indisciplinas sociales, sólo tenemos que observar los hechos desde y dentro del contexto histórico en que se han desenvuelto sus actores.

Existen leyes. Algunas son oficiales y otras son convencionales, como los signos, se crean por los propios seres dentro de la comunidad en la que conviven. Esas leyes surgen de mutuo acuerdo entre sus usuarios. De ese modo podemos ver como el hecho de silbar, que para nosotros es tan común, en algunas culturas eslavas se tiene como un signo de pedir limosnas por hambre, por tanto, las personas se cuidan mucho de silbar en plena vía pública. Del mismo modo que nosotros acostumbramos –desde hace unas décadas- a saludarnos con un beso, hay culturas asiáticas que tienen como norma de respeto hacerse una reverencia mutua a distancia, esto es por varias razones que no vamos a enumerar en este trabajo. Ir en contra de cualquiera de esas reglas ya constituye una indisciplina social. Indisciplina social no es solo violar las reglas que están fijadas por decretos o por órdenes de la oficialidad.

Una indisciplina social, desde mi punto de vista, no es exclusivamente ir de guapo por las calles formando altercados; no, también podrían ser indisciplinas sociales, y a las cuales casi nadie hace alusiones las siguientes:

– Andar profiriendo palabras obscenas (a todo gaznate) en público como si estas fuesen parte de la norma lingüística cotidiana. Esto lo he apreciado en conductores de coches, personas que se saludan en las calles con grandes improperios, etc.

– Andar semi-desnudo por las calles como si Bayamo (ciudad mediterránea) fuese una zona de playa.

– Conducir un vehículo estatal como si fuese propio y tomar por calles fuera de los circuitos normales para no llevar a nadie.

– Arrojar basuras en el medio de una calle.

– Caminar por el centro de las calles o jugar pelota u otro deporte en ellas obstruyendo el tránsito y arriesgando la vida.

– ¡Ah! Pero hay veces que caminar por la vía es necesario pues encontramos otra indisciplina: obstruir en las aceras el paso de los peatones con mubles para tomar el fresco, mesas para jugar dominó o talleres improvisados.

Se habló en el programa sobre los actores de la televisión y de la violencia en la programación televisiva. Cierto es que un actor puede llegar a constituir un modelo de conducta para algún sector de la población, sobre todo para aquellos más jóvenes. El audiovisual, incluyo al cine, ha tenido ese poder desde un inicio. Partiremos del viejo adagio de que “vista hace fe” y entonces podremos comprender en parte el proceso que se da en la psiquis al observar una imagen que en parte representa la cotidianidad y que está cercana a una realidad, que aunque virtual, para algunos es real. La televisión tiene la virtud de la inmediatez, pero guarda la trampa de la manipulación por medio de un lenguaje otro. No todos estamos preparados para analizar y comprender ese aspecto y no existe un programa, aún, que se dedique a cultural a los públicos. Tuvimos uno –La palabra ausente- pero este desapareció de improviso. Palabra aparte, hay una contrapartida para este fenómeno de la influencia posible del audiovisual y este es la familia y la propia sociedad.

Coincido plenamente con la conclusión a la que llegaron los especialistas al final, ¡la familia es esencial! Eso no es nuevo: está dicho en el marxismo y en la propia Biblia. La televisión nuestra ya es bastante didáctica como para que ahora arremetamos contra ella para hacer entonces una cartilla. No podemos olvidar que la televisión es ante todo un gran show; eso sí, hay que saber trabajar con las leyes del espectáculo para decir y lograr lo que deseamos. Existe algo que olvidamos con frecuencia y es que somos parte de un mundo en desarrollo y algo que le han denominado “globalización”. ¿Cómo entremezclarnos con ese fenómeno? Hay que estudiarlo, pero ante todo, hay que estar preparado con conocimiento de causa de lo que hacemos: no hay espacio para la improvisación en estos tiempos.

Finalmente deseo hablar sobre una pregunta que hizo el conductor del espacio y cuyas respuestas fueron muy infelices. Tolerancia no tiene nada que ver con paciencia, como algunos piensan. Tolerancia es un vocablo que si lo vamos a acercar a otros semánticamente similares podríamos compararlo con transigencia o con condescendencia; nada que ver con paciencia. La tolerancia es una actitud de respeto y comprensión hacia las ideas y acciones ajenas. Eso es tolerancia según el diccionario Larrouse. Si conocemos qué es tolerancia, entonces tendremos bien claro lo que es intolerancia; o sea, todo lo que sea opuesto a la definición dada. A partir de aquí veamos algunos razonamientos: Yo puedo tolerar que a usted le guste un determinado género musical; pero no tengo por qué tolerar que usted ponga un bafle a todo volumen delante de mi puerta con esa música y no me deje ni siquiera descansar. Usted puede tener las ideas políticas o la orientación sexual que desee, si respeta las mías, respetaré las suyas y viviremos en paz; ambos seremos tolerantes. Cuando nos respetamos evitamos cometer indisciplinas porque como dijera Benito Juárez “la paz es el respeto al derecho ajeno.” Tolerancia… ¿un ejemplo más claro? es el cabaret “Mejunje” de Santa Clara.

¿Cómo se combaten las indisciplinas sociales? No es con tolerancia, sino con educación. ¿Cómo se adquiere la educación? Bueno, ¿es usted martiano? Pues si es martiano tenga en cuanta que esta comienza en la cuna y no termina sino con la tumba. Y concluyo parafraseando a otro de los grandes pensadores cubanos, Luz Caballero; es cierto, “instruir puede cualquiera, educar, sólo quien sea un evangelio vivo”.