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El canto del grillo.

Por Juan Ramírez Martínez.

 

La nana del grillo debió ser el nombre del serial que en el espacio policiaco transmite la televisión cubana.

Luego de tanto años haciendo series y capítulos monotemáticos sobre diversos casos policiales nuestra televisión hace un alarde que más parece una agonía que un redimensionamiento del género. Una serie de personajes hablando un inglés cubanizado en su mayoría que no acaban de encontrar un  perfil anglosajón en la entonación, hacen peripecias por parecer lo que nunca serán. Se debió trabajar toda la serie en español. Ese es nuestro idioma y por demás, evitaría la incomodidad de tener que leer a muchas personas de lectura lenta y a otros de escasa visión.

Resulta lamentable, en tiempos de la digitalización audiovisual, ver una escena como la del accidente donde perece el agente cubano: sin comentarios. El ritmo de la edición y el montaje de esa escena nunca llegan a lograr un suspenso como lo pretendieron, ni mucho menos temor. En su totalidad, hasta este segundo capítulo que hemos observado, la edición deja mucho que desear a pesar de esos efectos sonoros –manidos- en los flashbacks que se hacen.

Existe en ambos capítulos una ingenuidad increíble en el diseño de algunos de los personajes; tales son los casos de la infiltrada en la CIA y del bibliotecario que espía por cuenta propia –más sospechoso e imprudente no puede ser- así como los funcionarios que rumian las palabras que van a decir en inglés como para ser bien comprendidos por los televidentes, o por el que tuvo que hacer la traducción. La trama resulta lenta hasta el tedio, repetitiva y sin una gota de imaginación.

Esperamos que a partir del tercer capítulo algo cambie. Eso sí, elogiamos la dirección de arte. Muy  buen trabajo en la creación de las atmósferas; sólo eso.

Veamos que nos deparas el futuro, mientras tanto, se les recomienda a los realizadores que vean con más detenimiento el camino o los caminos del policiaco en la TV mundial.

Por Juan Ramírez Martínez.

Recientemente pude apreciar un programa televisivo sobre las indisciplinas sociales en el canal regional denominado CNC TV de la provincia de Granma (Entidad para la cual trabajo como director de programas). Aunque los criterios que ofrecieron los invitados –especialistas- los comparto en su mayoría, hubo algunos con los cuales no estuve del todo de acuerdo; como el acceso al programa es virtualmente difícil –a pesar de que estoy dentro, pues es un programa en vivo-, he decidido ofrecer mis puntos de vistas a través de este avance de la tecnología: la Internet, que aunque no está al alcance de todos, sí al alcance de algunos. Para esos algunos, mi opinión. ¡Ojalá hubiese estado invitado al programa o que pudiera publicar este criterio de manera impresa!

Se hablaba en el programa, como antes dije, sobre indisciplinas sociales y lo primero que quiero compartir con ustedes es el criterio de que indisciplina es ir en contra de las reglas establecidas por un grupo o por una sociedad; y las sociales serían aquellas que obstaculizan el desarrollo armónico de la convivencia social al violar las reglas establecidas jurídicamente y las reglas convencionales que imponen las prácticas culturales de una congregación dada: este es mi primer punto de vista sobre el tema.

Las indisciplinas sociales no son nuevas. En todo cuanto he podido leer sobre la huella de los seres sobre la tierra he encontrado indisciplinas sociales, sólo tenemos que observar los hechos desde y dentro del contexto histórico en que se han desenvuelto sus actores.

Existen leyes. Algunas son oficiales y otras son convencionales, como los signos, se crean por los propios seres dentro de la comunidad en la que conviven. Esas leyes surgen de mutuo acuerdo entre sus usuarios. De ese modo podemos ver como el hecho de silbar, que para nosotros es tan común, en algunas culturas eslavas se tiene como un signo de pedir limosnas por hambre, por tanto, las personas se cuidan mucho de silbar en plena vía pública. Del mismo modo que nosotros acostumbramos –desde hace unas décadas- a saludarnos con un beso, hay culturas asiáticas que tienen como norma de respeto hacerse una reverencia mutua a distancia, esto es por varias razones que no vamos a enumerar en este trabajo. Ir en contra de cualquiera de esas reglas ya constituye una indisciplina social. Indisciplina social no es solo violar las reglas que están fijadas por decretos o por órdenes de la oficialidad.

Una indisciplina social, desde mi punto de vista, no es exclusivamente ir de guapo por las calles formando altercados; no, también podrían ser indisciplinas sociales, y a las cuales casi nadie hace alusiones las siguientes:

– Andar profiriendo palabras obscenas (a todo gaznate) en público como si estas fuesen parte de la norma lingüística cotidiana. Esto lo he apreciado en conductores de coches, personas que se saludan en las calles con grandes improperios, etc.

– Andar semi-desnudo por las calles como si Bayamo (ciudad mediterránea) fuese una zona de playa.

– Conducir un vehículo estatal como si fuese propio y tomar por calles fuera de los circuitos normales para no llevar a nadie.

– Arrojar basuras en el medio de una calle.

– Caminar por el centro de las calles o jugar pelota u otro deporte en ellas obstruyendo el tránsito y arriesgando la vida.

– ¡Ah! Pero hay veces que caminar por la vía es necesario pues encontramos otra indisciplina: obstruir en las aceras el paso de los peatones con mubles para tomar el fresco, mesas para jugar dominó o talleres improvisados.

Se habló en el programa sobre los actores de la televisión y de la violencia en la programación televisiva. Cierto es que un actor puede llegar a constituir un modelo de conducta para algún sector de la población, sobre todo para aquellos más jóvenes. El audiovisual, incluyo al cine, ha tenido ese poder desde un inicio. Partiremos del viejo adagio de que “vista hace fe” y entonces podremos comprender en parte el proceso que se da en la psiquis al observar una imagen que en parte representa la cotidianidad y que está cercana a una realidad, que aunque virtual, para algunos es real. La televisión tiene la virtud de la inmediatez, pero guarda la trampa de la manipulación por medio de un lenguaje otro. No todos estamos preparados para analizar y comprender ese aspecto y no existe un programa, aún, que se dedique a cultural a los públicos. Tuvimos uno –La palabra ausente- pero este desapareció de improviso. Palabra aparte, hay una contrapartida para este fenómeno de la influencia posible del audiovisual y este es la familia y la propia sociedad.

Coincido plenamente con la conclusión a la que llegaron los especialistas al final, ¡la familia es esencial! Eso no es nuevo: está dicho en el marxismo y en la propia Biblia. La televisión nuestra ya es bastante didáctica como para que ahora arremetamos contra ella para hacer entonces una cartilla. No podemos olvidar que la televisión es ante todo un gran show; eso sí, hay que saber trabajar con las leyes del espectáculo para decir y lograr lo que deseamos. Existe algo que olvidamos con frecuencia y es que somos parte de un mundo en desarrollo y algo que le han denominado “globalización”. ¿Cómo entremezclarnos con ese fenómeno? Hay que estudiarlo, pero ante todo, hay que estar preparado con conocimiento de causa de lo que hacemos: no hay espacio para la improvisación en estos tiempos.

Finalmente deseo hablar sobre una pregunta que hizo el conductor del espacio y cuyas respuestas fueron muy infelices. Tolerancia no tiene nada que ver con paciencia, como algunos piensan. Tolerancia es un vocablo que si lo vamos a acercar a otros semánticamente similares podríamos compararlo con transigencia o con condescendencia; nada que ver con paciencia. La tolerancia es una actitud de respeto y comprensión hacia las ideas y acciones ajenas. Eso es tolerancia según el diccionario Larrouse. Si conocemos qué es tolerancia, entonces tendremos bien claro lo que es intolerancia; o sea, todo lo que sea opuesto a la definición dada. A partir de aquí veamos algunos razonamientos: Yo puedo tolerar que a usted le guste un determinado género musical; pero no tengo por qué tolerar que usted ponga un bafle a todo volumen delante de mi puerta con esa música y no me deje ni siquiera descansar. Usted puede tener las ideas políticas o la orientación sexual que desee, si respeta las mías, respetaré las suyas y viviremos en paz; ambos seremos tolerantes. Cuando nos respetamos evitamos cometer indisciplinas porque como dijera Benito Juárez “la paz es el respeto al derecho ajeno.” Tolerancia… ¿un ejemplo más claro? es el cabaret “Mejunje” de Santa Clara.

¿Cómo se combaten las indisciplinas sociales? No es con tolerancia, sino con educación. ¿Cómo se adquiere la educación? Bueno, ¿es usted martiano? Pues si es martiano tenga en cuanta que esta comienza en la cuna y no termina sino con la tumba. Y concluyo parafraseando a otro de los grandes pensadores cubanos, Luz Caballero; es cierto, “instruir puede cualquiera, educar, sólo quien sea un evangelio vivo”.

Me gustas

Me gustas porque te mueres

del mismo mal que agonizo

de un amor loco, enfermizo

de una soledad que hieres

de la ausencia de placeres

de incomprensiones injustas

que clavan como mil fustas

mil espinas en tu piel

y yo las cubro de miel

me gustas porque me gustas.

Por, Juan Ramírez Martínez.

 

Desde hace mucho tiempo vengo tratando de descifrar una incógnita que a ratos aparece en muchos de los que me rodean y es entonces cuando recuerdo que el crítico de cine contemporáneo se empeña más en demostrar cuanto sabe de lenguaje y de historia del cine que  en el análisis objetivo y subjetivo de la obra en cuestión y por tanto olvida, a veces, ir a la esencia, o sea al espíritu de la obra artística. La obra de arte primero trasmite emociones al que la aprecia, sea especialista o no y luego, aquel que conoce las reglas de la creación, aunque no sea creador, comienza a buscar los detalles de la composición para ver si se ajustan o no a los cánones establecidos por y para la disciplina. Tomando como pretexto esta introducción puedo ir más allá: ¿Cuántos de los que ahora leen estas reflexiones han escuchado alguna vez a alguno de los comentaristas y redactores hablar de la influencia de la obra martiana en una u otra cinta de las realizadas en Cuba? Creo que será muy difícil responder afirmativamente.

 

Mucho se habla de Martí por nuestros días y de su decisiva influencia en nuestro proceso social, pero con la rara excepción de los artistas de la plástica y de algunos ensayistas, son muy pocos los artistas que tengan incluido a Martí y su pensamiento de una manera tácita y consciente en sus obras. No obstante ello les aflora un Martí que ni ellos mismos saben que existe en sus adentros ni las causas de por qué existe. Los escultores recrean a un Martí tomado de fotos y muchos otros que se hacen llamar escultores recrean a otro Martí que más bien parece una imagen tomada del surrealismo. La iconografía plana martiana es muy rica y más rica aún la verborrea que sobre su obra y vida se escucha por muchos que son conminados en ocasiones a hablar del tema. Para ver a Martí en el cine o mejor dicho en el audiovisual nuestro, es menester que se acerque una efemérides relacionada con nuestro Héroe Nacional o sencillamente que se le haga un encargo a un realizador determinado. Muy pocas veces han surgido de la espontaneidad como solía suceder en una serie muy corta de trabajos realizados por el ICAIC en sus primeros años o en documentales donde resaltan los creados por el inigualable Santiago Álvarez.

 

La imagen de Martí en el cine hecho en Cuba comenzó a aparecer antes del 59 de manera muy esporádica y no fue hasta el año de su centenario (1953) que El Estado como tal se preocupó por hacer una cinta que dignificara la figura y recuerdo de El Apóstol (La Rosa Blanca). Se hizo una película conjuntamente con Méjico y con la dirección de El Indio Fernández que si bien no fue o no es una obra de muy mala calidad, en aquel momento fue rechazada y hasta hace muy poco estuve creyendo lo que había oído decir de esa película por algunos críticos: “es un bodrio y se ofende la imagen de Martí”.  Hoy, que por pura casualidad la cinta ha llegado hasta mis manos, al cabo de 52 años de estrenada, pienso que se fue injusto con la misma y su realizador y que los colegas que tanto me repetían en conferencias de que era una obra pedestre, estaban hablando como músicos de oídos. Lo que sí queda claro es que el resto del cine prerrevolucionario carecía de un total espíritu martiano.

 

Triunfa la Revolución del 59 y todo parece indicar que abordar el tema de una película sobre Martí hace temblar a muchos por la inmensa responsabilidad que eso requiere. Muchos son los que dicen que el tema de Martí está ausente de nuestro cine, pero cabría entonces hacerse otra pregunta: ¿Y no está siquiera el aliento Martiano en nuestro cine?

 

En el alegato del Moncada Fidel dejó claro y demostrado, por demás, que su aliento y su doctrina eran absolutamente martianos. Años más tarde, con su obra, quedó por sentado que el país y la educación seguían los postulados martianos al pie de la letra. Los principios que nos legó El Maestro en su corta trayectoria a través de su ejemplo y de su amplia bibliografía se ha ido patentizando en cada una de las esferas sociales de nuestro alargado y caluroso archipiélago.

 

Casualmente llegó a mis manos el Diccionario del Pensamiento Martiano y me puse a hojearlo.  Abrí al zar la página dedicada a la palabra “Patria” y encontré frases como estas “… la patria se levanta sobre los hombros unidos de todos sus hijos. No se tiene el derecho del aislamiento: se tiene el deber de ser útil”. ¿Y en qué otra cosa se empeña nuestro cine si no es el deber de ser útil a todos en la consagración del pensamiento y  la cultura?

 

“Las cosas patrias están siempre rebosando en el alma, y hablan demasiado cuando comienzan a hablar” Esta es otra de sus enseñanzas y sucede que surgen cintas que hablan de la patria y la ponen al ojo de todos en pantalla para que sepamos de nosotros mismos y veamos donde radican nuestros defectos y virtudes y es entonces cuando aparecen críticos mojigatos buscando curvas en la línea recta. Muchos son los ejemplos, y desafortunados algunos filmes, por “decir demasiado”según algunos, pero solo dicen las cosas de la realidad para engrandecer la patria más un reducido grupo de cerebros apocalípticos no es capaz de ver el alma de las cosas y centran su atención nada más que en el cuerpo, en la cosa material a veces deformada por una visión predispuesta y miope, que muere. Cada frase que leía me obligaba a remitirme a la fuente citada y de ese modo pude ver que eran infinitas las frases que evidenciaban mis conjeturas, tanto fuera como dentro de sus contextos.  Y mucho más del pensamiento de Martí se descubre en cada página del texto citado, tanto como para poder extendernos posteriormente en un análisis más casuístico y pormenorizado con ejemplos más concretos desde el punto de vista en que hoy abordo el tema.

 

De manera que el cine cubano contemporáneo, quiera o no, lleva siempre su aliento martiano pues en esas doctrinas fuimos educados. Nos enseñaron a leer y a pensar. Solo hay que leer a Martí con detenimiento y descubriremos su aliento en nuestro interior, en el interior de nuestro cine. A Martí se lleva dentro y por ello afloran en nuestro audiovisual los postulados éticos y estéticos de El Maestro.

“A lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí. ¡Teman a otros jueces mucho más temibles, teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!”

Fidel Castro Ruz. Palabras a los intelectuales.

Aunque parezca ingenuo, a veces resulta interesante pensar en la reacción que tendrían Niépce, Muybridge, Edison o los Lumieres si fuesen traídos en una de esas llamadas máquinas del tiempo (como la descrita por H. G. Welles) a este siglo que se debate en guerras increíbles donde mueren miles de personas de manera absurda sin verse jamás las caras porque ya no hay lucha frente a frente ni combate cuerpo a cuerpo; guerras que vivimos todos de un modo u otro pues los reportes que antes escribieran Hemingway y otros corresponsales, son hoy imágenes que nos agraden constantemente en cada una de las emisiones de los noticieros de la TV u otros programas especializados en una forma mucho más violenta pues nos llegan cuerpos decapitados, ciudades devastadas, soldados que se pasean por los escombros que ellos mismos crean con sus bombas y niños mutilados a través de la vista; vivimos un siglo en el que ya no es necesario retar al contrincante con un golpe de guante en el rostro pues una imagen enviada nos acorta la distancia; un siglo en el cual sus inventos ya no requieren de la gran complejidad mecánica que ellos, los pioneros, concibieron, pues ahora todo es electrónico (y chino, no europeo ni made in usa), como para asombrar a Edison quien seguramente comenzaría a reclamar patentes mientras los Lumieres estarían atónitos al ver que las cosas soñadas por ellos se han ido mucho más allá de las fronteras de la imaginación de todos los grandes, incluido Da Vinci (es posible). Sería fabuloso ver sus rostros ante un monitor de televisión cuando se enteraran que ese aparato es un pariente lejano de los prototipos creados por ellos. Pero sería más interesante aún, considero, verles las reacciones cuando se enteraran de la gran cantidad de problemas, conflictos, debates y demás cosas que se han generado en el mundo alrededor de esa forma de expresión audio visual (solo visual para los Lumiere y Edison)) de la cual ellos tienen también su responsabilidad… la televisión, esa pequeña caja con imágenes heterogéneas y con multiplicidad de colores y mensajes; esa caja que cada día se hace más delgada en grosor; esa caja que ocupa tanta parte del tiempo e invade la intimidad de nuestras familias; artefacto que es capaz de influir en nuestras decisiones a partir de sus mensajes; esa caja… ¿la caja de Pandora?! Es el engendro que degeneró de las creaciones de Niepce, Muybridge, Edison y los Lumieres y regresa ahora (seguro estoy que seguirá regresando infinidad de veces) para ocupar la esencia de este trabajo que propone abordar una arista de su Macro Discurso Global (MDG) motivado por la diabolización promovida deliberadamente por algunos especialistas sobre determinadas Unidades Significantes del MDG o Micro Discursos Televisivos (MDT), léase programas, mientras se obvia ¿ingenuamente? El Discurso Televisivo Dominante (DTD). (1)

La caja mágica centro de sala nos trae a reflexiones increíbles, a veces, sobre cosas que nunca pensamos serían parte de nuestras preocupaciones cotidianas. Los años 2007 y 2008 han sido testigos de dos grandes debates propiciados indirectamente por la televisión; por programas de televisión: uno de ellos fue provocado por el programa Impronta (2) y el otro análisis se inspira por la programación cinematográfica en televisión y cuando decimos televisión lo hacemos de manera general pues incluso los nuevos canales locales no están exentos de atrocidades aunque no han sido tomados como muestra en este estudio. La televisión porta a la vez el yin y el yang: lo mismo se puede ver un programa didáctico que otro donde no se le aporte directamente sabiduría al televidente. ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Qué es una programación con calidad y cual es la que no tiene calidad? ¿Quién decide lo que es bueno y lo que es malo? ¿Por qué estigmatizar algún producto televisivo o audio visual y qué consecuencias puede tener este hecho? Impronta nos enseñó que se puede ser ingenuo y agresivo sin razones aparentes. La televisión nos besa cada día mientras nos agrede. Esa caja mágica también nos puede ayudar a pensar. Esa caja ante la que nos sentamos plácidamente a recrearnos mientras descansamos o tal vez a trabajar cuando se hace con un programa didáctico, se puede convertir en un feroz lobo cuando alguien decide tildar una imagen, una porción, o una unidad significante de su discurso como diabólica, solo porque no se acoge a sus parámetros personales, y mientras tanto, pasan de manera inadvertida o desapercibida, cientos de horas de demonios vestidos de ángeles por nuestros ojos y nuestros subconscientes sin que los diabolizadores digan algo porque para ellos esos ángeles disfrazados no cuentan. Así comienza un análisis de la cultura audiovisual y de su macro discurso. Cabría preguntarnos inicialmente: ¿Existe una cultura audiovisual? ¿Cómo se erige y cómo funciona o debe funcionar en Cuba de ser cierta? ¿Existe un discurso televisivo?

(1).Discurso Televisivo Dominante – y dominante en un doble sentido: en tanto que domina, con ligeras variantes cosméticas, en las televisiones del mundo conocido, y en cuanto tiende a someter a su hegemonía el resto de los discursos de nuestra contemporaneidad. El discurso televisivo: espectáculo de la posmodernidad. Jesús González Requena. Ediciones Cátedra. Madrid, 1988. Pág. 11.

(2) Programa trasmitido por el Canal 6 de la Televisión Cubana, el cual, durante el año 2007 provocó una gran polémica entre los intelectuales al presentarse en este espacio a un ex funcionario del Gobierno Revolucionario. Este señor dictó leyes que afectaron el desarrollo de la cultura y de las personas que la hacen. El período de gobierno del mismo es conocido como Pavonado debido a su apellido y algunos intelectuales le llaman el quinquenio gris a partir de una expresión empleada por el intelectual Ambrosio Fornet.

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